viernes, 20 de mayo de 2011

PRODUCTO ONCE

NARRACION DE ALGUNOS EPISODIOS AL INICIO DE LA REVOLUCIÒN HASTA LA TOMA DE LA ALHONDIGA DE GRANADITAS.
Me encontraba en mi casa, preparando mis herramientas para salir a mi cotidiana labor, pues eran las 5:00 de la mañana, mi esposa ya me había preparado mis ricos frijolitos con tortillas hechas a mano y una sabrosa salsa, de pronto escuchamos las campanas de la iglesia repicar, en ese momento recordé lo que nos había dicho el padre Hidalgo,  que era probable iniciar antes la lucha,  adelantando la fecha que teníamos bien precisa  para el mes de octubre, pero apenas era 16 de septiembre.  Tomé mi azadón y moruna y salí directo a la iglesia  ¡que sorpresa!  Ya se encontraban reunidos  una gran mayoría de los 600 hombres entre carpinteros, herreros, alfareros, campesinos. El padre Hidalgo plantado con su larga sotana y con su estandarte de la virgen de Guadalupe  nos hizo saber que ya habían descubierto el movimiento que se levantaría en armas, y  que la corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez había enviado  un mensajero, dando a conocer que ya habían tomado presos a varios de los complicados, lo grato fue la pasión con que nos decidimos a unirnos gritando al unisolo ¡viva la libertad!  Y sentir  un gran  apoyo  por el cura Hidalgo, así como de  Aldama, Allende y Abasolo.
En dos semanas de lucha incansable  ya teníamos varios triunfos que nos resultaron fáciles. De Dolores llegamos a Atotonilco,   luego, a San Miguel El Grande,  Celaya. (Donde se le dio  el grado  al padre Hidalgo de capitán general y a Allende el de teniente  general) llegamos a Salamanca, Irapuato y de ahí  hasta   Guanajuato, donde se desató la peor de las luchas, ya que, los españoles,  sus familias y sus caudales se refugiaron en la Alhóndiga de Granaditas, pero no contaron con la astucia de nuestro capitán, al sugerir derrumbar  el  portón y sin pensarlo más  Juan José de los Reyes Martínez,  minero guanajuatense, dijo que él lo haría, se cubrió la espalda con una losa  y tomando una antorcha encendida de las que usaban los mineros en los túneles y un puñado de varas de ocote, se dirigió a la puerta, entre una lluvia de balas, le prendió fuego, esperando por casi siete minutos para que la gran puerta cediera. La Alhóndiga pudo así ser tomada, pero la guarnición realista y los refugiados españoles en ella fueron masacrados, excepto el intendente Riaño, que había caído en el combate.

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