NARRACION DE ALGUNOS EPISODIOS AL INICIO DE LA REVOLUCIÒN HASTA LA TOMA DE LA ALHONDIGA DE GRANADITAS.
Me encontraba en mi casa, preparando mis herramientas para salir a mi cotidiana labor, pues eran las 5:00 de la mañana, mi esposa ya me había preparado mis ricos frijolitos con tortillas hechas a mano y una sabrosa salsa, de pronto escuchamos las campanas de la iglesia repicar, en ese momento recordé lo que nos había dicho el padre Hidalgo, que era probable iniciar antes la lucha, adelantando la fecha que teníamos bien precisa para el mes de octubre, pero apenas era 16 de septiembre. Tomé mi azadón y moruna y salí directo a la iglesia ¡que sorpresa! Ya se encontraban reunidos una gran mayoría de los 600 hombres entre carpinteros, herreros, alfareros, campesinos. El padre Hidalgo plantado con su larga sotana y con su estandarte de la virgen de Guadalupe nos hizo saber que ya habían descubierto el movimiento que se levantaría en armas, y que la corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez había enviado un mensajero, dando a conocer que ya habían tomado presos a varios de los complicados, lo grato fue la pasión con que nos decidimos a unirnos gritando al unisolo ¡viva la libertad! Y sentir un gran apoyo por el cura Hidalgo, así como de Aldama, Allende y Abasolo.
En dos semanas de lucha incansable ya teníamos varios triunfos que nos resultaron fáciles. De Dolores llegamos a Atotonilco, luego, a San Miguel El Grande, Celaya. (Donde se le dio el grado al padre Hidalgo de capitán general y a Allende el de teniente general) llegamos a Salamanca, Irapuato y de ahí hasta Guanajuato, donde se desató la peor de las luchas, ya que, los españoles, sus familias y sus caudales se refugiaron en la Alhóndiga de Granaditas, pero no contaron con la astucia de nuestro capitán, al sugerir derrumbar el portón y sin pensarlo más Juan José de los Reyes Martínez, minero guanajuatense, dijo que él lo haría, se cubrió la espalda con una losa y tomando una antorcha encendida de las que usaban los mineros en los túneles y un puñado de varas de ocote, se dirigió a la puerta, entre una lluvia de balas, le prendió fuego, esperando por casi siete minutos para que la gran puerta cediera. La Alhóndiga pudo así ser tomada, pero la guarnición realista y los refugiados españoles en ella fueron masacrados, excepto el intendente Riaño, que había caído en el combate.
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